Colegio Santa Rosa en Huesca, España

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viernes, 10 de abril de 2015

Miedo a sobresalir

 “La diferencia entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer, bastaría para solucionar todos los problemas del mundo” Mahatma Ghandi
El ser humano es una criatura social y necesita la aceptación del grupo para sentirse bien. El miedo al rechazo lo hace adoptar comportamientos que inclusive pueden ir en su contra  con tal de integrarse a la sociedad. Conductas que van desde
bajar su perfil para pasar desapercibido, hasta quedarse en su zona de confort o permanecer en la comodidad de una mediocridad que no era parte de su esencia pero que lo mantiene estable y sin sobresaltos. Todo para ser aceptado y no provocar envidias.

Una amiga me contaba su promoción en la empresa y el consecuente aumento de sueldo, pero lo hacía en un tono de confidencialidad que a mí me parecía innecesario, pero que ella justificaba porque no quería provocar envidias. La envidia es muy mala, me decía, puede acabar con la carrera de cualquier persona. Los hombres no soportan el éxito de los demás y ese sentimiento los une en contra del triunfador. Su estrategia, me contaba, siempre fue mantenerse en un bajo perfil. Ya se sabe que: El clavo que sobresale siempre recibe un martillazo”

Al querer pasar desapercibido, al boicotearse a sí mismo cuando se está a punto de tener éxito, o al conformismo que empobrece y aborrega al hombre, los especialistas lo llaman: “Complejo de Jonás” que es muy parecido al “Complejo de Solomon”, ya que en ambos casos, el denominador común consiste en adoptar un comportamiento que evita el desarrollo de los talentos y la necesidad de ser aceptados por la mayoría, sin provocar envidia.

Es de todos conocida la famosa pirámide de Abraham Maslow en cuya base se encuentran las actividades más primarias como beber, dormir, comer, pero que una vez cubiertas estas necesidades fisiológicas, anhelamos otras de mayor nivel y es en el vértice de dicha pirámide donde se encuentran esas necesidades psicológicas y espirituales a las que aspiramos y que nos hacen sentir realizados. Y fue Maslow precisamente quien desarrolló el término de “Complejo de Jonás” como oposición al término de autorrealización y para definir el miedo a la propia grandeza y la huida de nuestras mejores capacidades.

El complejo de Jonás se basa en la historia del personaje bíblico que recibió la llamada de Dios para cumplir con la tarea de predicar en Nínive, pero a Jonás le dio miedo dicha comisión y huyó en un barco. En medio de una tormenta echaron suertes para ver quién sería arrojado al mar ya que con ello se calmaría su furia y Dios quiso que la suerte le tocara a Jonás, quien fue tragado por una ballena y al tercer día fue vomitado. Finalmente cumplió con las instrucciones que Dios le había encomendado.

Esta historia es una buena analogía de la baja autoestima y del miedo a no estar a la altura, por eso huir, esconderse o tratar de pasar inadvertido se convierte en un comportamiento habitual, hasta perder todos los talentos que en algún momento pudo haber tenido y que si se lo hubiera propuesto habría desarrollado brillantemente. Todos conocemos personas mediocres en las que subyace un hombre inteligente que se amorcilló porque eso le pareció más cómodo y conveniente. Según Maslow el “Complejo de Jonás” no es otra cosa que el miedo que tenemos a nuestras capacidades y al éxito que podríamos lograr y por ese temor, preferimos permanecer en la zona de confort.

Por otra parte, el “Complejo de Solomon” debe su nombre al psicólogo americano, Solomon Asch, quién en 1951 realizó un interesante experimento con el que demostró lo condicionados que estamos por la sociedad y la influencia que el grupo puede ejercer en determinado individuos.

En un colegio, Solomon, llegó haciéndose pasar por oculista y les dijo a los estudiantes que haría pruebas de visión, cuando en realidad estaba tratando de experimentar con la conducta humana. Para ello se puso de acuerdo con un grupo de siete alumnos para que dieran respuestas incorrectas sobre la longitud de unas rayas, mientras que un octavo alumno, ajeno al experimento, daba respuestas similares, dejándose influenciar por los otros siete. Solomon resume en esta frase genial el resultado de su experimento: La conformidad es el proceso por medio del cual los miembros de un grupo social cambian sus pensamientos, decisiones y comportamientos para encajar con la opinión de la mayoría” 

Se puede decir que una persona padece el “síndrome de Solomon” cuando se comporta de tal manera que evita sobresalir o destacar en un grupo por miedo a ser excluido o generar sentimientos de envidia. Así pues, prefiere seguir el camino que todos siguen y permanecer en un cómodo anonimato que le da la seguridad que no tendría si desarrollara al máximo su potencial. Desafortunadamente parece que las sociedades prefieren que la gente sea mediocre, dócil y conformista.


No obstante, quedarse en la zona de confort sin desarrollar todo el potencial que tenemos o vivir sin sobresalir para no diferenciarse del resto es perpetuar una conducta donde el miedo tiene su reino. Acotar nuestro propio crecimiento es una forma de demostrar la intolerancia a la incertidumbre. Permanecer en esta situación es condenarse a no lograr jamás la autorrealización. Decía  John F. Kennedy: “El conformismo es el carcelero de la libertad y el enemigo del crecimiento”. Petra Llamas García

Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 10 de abril del 2015. petrallamasgarcia@hotmail.com. Twitter: @petrallamas

3 comentarios:

  1. Maestra quiero que sepa que es usted muy querida entre los maestros, casi todos leemos lo que escribe con mucho interés, no vaya a dejar de escribir porque la admiramos mucho. Le mando un saludo respetuoso. Ricardo Esparza

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  2. Saludos Maestra la sigo leyendo, seguiré leyéndola

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    1. Gracias, Mario, un gusto saber de ti. Saludos cordiales

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Gracias por tus comentarios