El valor formativo de las tareas escolares (los deberes)


"Yo fui educado por unos padres que eran analfabetas. La escuela puede instruir a sus alumnos pero no puede educarlos, porque no tiene los medios ni la finalidad. La finalidad de educar recae en las familias" José Saramago 


Me gustó mucho esta reflexión del escritor portugués, José Saramago, al que se le otorgó el premio Nobel de Literatura en 1998. 

Es muy significativo que alguien tan destacado en el mundo de las letras señale el analfabetismo de sus padres, ya que le quita importancia a la instrucción y se la pasa a lo que realmente tiene valor, la formación que recibió de su familia y la fuerza que eso le dio para llegar a ser quién fue. Sobre este punto, hay también una frase del gran humorista argentino, Quino, que dice: 

“Educar es más difícil que enseñar, porque para enseñar usted necesita saber, pero para educar se necesita ser”.

Es un hecho que muchos padres se sienten frustrados cuando sus hijos llevan tareas a casa y no pueden apoyarlos en su resolución, porque no tienen el conocimiento suficiente para hacerlo. Ante esa situación se rebelan contra las tareas escolares y le piden a maestros y autoridades que aprovechen bien el horario escolar para que sus hijos aprendan todo lo que sea necesario en ese tiempo y no tengan que llevarse trabajo a casa. Sin embargo, los programas académicos son muy extensos y el tiempo escolar no es el suficiente como para que se pueda profundizar demasiado en los temas. 

Una tarea bien pensada debiera tener como objetivo el ejercitar los temas dados en clase para que el alumno pueda interiorizarlos y convertirlos en un aprendizaje efectivo, con la condición de haber sido bien explicados en clase y sobre todo entendidos por lo alumnos, para que no obliguen a los padres a convertirse en maestros particulares de su hijos. 

La polémica sobre las tareas escolares es tan vieja como la escuela misma y no tiene mucho que ver con la preparación académica de los padres, sino más bien con el concepto que tienen sobre la educación y su prioridad en el contexto familiar. Antiguamente los padres no tenían tanta preparación para ayudar a sus hijos y como en el caso de Saramago, abundaban los analfabetas, sin que ello les impidiera ayudarlos, logrando en muchos casos que sus hijos fueran adultos trabajadores, responsables y exitosos.

Las tareas, consideradas como un complemento al trabajo de la escuela, no deben llevarles demasiado tiempo a los alumnos, porque es verdad que también tienen que descansar y cambiar de actividad, pero bien llevadas son una ocasión propicia para desarrollar en los hijos una serie de hábitos como el orden, la disciplina o el trabajo, además de que les permitirá ejercitar la fuerza de voluntad y la responsabilidad. 
Los deberes escolares también son una magnífica oportunidad para que los papás se den cuenta del avance de sus hijos en la escuela. Si los hijos no las tuvieran, pocas veces se darían cuenta de cómo van, cómo escriben, cómo leen y de paso preguntarles sobre sus maestros, sus compañeros y muchos otros temas con los que podrían establecer un hermoso diálogo que seguramente se prolongará el resto de su vida. 
Hoy día los papás están cada vez más preparados, pero también están más ocupados, por lo que el rechazo a los deberes escolares ha ido en aumento ya que alegan que no tienen tiempo de supervisarlos, además de que prefieren que sus hijos descansen o se dediquen a actividades más divertidas, atiborrándolos, la mayoría de las veces, de clases extraescolares, que en algunas ocasiones no son más que otra forma de eludir la responsabilidad de atenderlos personalmente.
Por otro lado, estamos inmersos en la cultura de evitarle a los hijos el esfuerzo, el dolor, o la frustración y esto les está ocasionando un gran daño ya que las consecuencias están a la vista. Los jóvenes cada vez son más inmaduros e incapaces de afrontar los problemas, dándose por vencidos con facilidad o renunciando a todo aquello que les exija el ejercicio de una voluntad, misma que jamás les permitieron formar.
No hay que olvidar que la labor básica de la escuela es la de instruir porque es el lugar donde el niño va a aprender, pero la misión de educar le corresponde a la familia; por tanto, sin importar si son papás preparados o no, su trabajo no es el de instruirlos sino el de alentarlos y motivarlos aprovechando el tiempo en el que el hijo realiza las tareas escolares para fortalecerlos, desarrollarles buenos hábitos y hacer que amen el estudio ya que, al final de cuentas, esta formación será la que más les va a servir el resto de su vida. Para instruirse, siempre habrá oportunidad.
Un niño educado sólo en la escuela es un niño no educado”. George Santayana (Filósofo español) . Petra Llamas García. 

Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 19 de julio del 2013. petrallamasgarcia@hotmail.com. Twitter: @petrallamas   

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