La formación de los maestros, el peor problema y la mejor solución


“La formación docente tiene el honor de ser, simultáneamente, el peor problema y la mejor solución en educación” Michael G. Fullan

Últimamente he tenido oportunidad de escuchar una frase que se repite en el contexto magisterial y que además me parece muy significativa: “un maestro no puede saberlo todo”, y tienen razón, porque tampoco necesitarían sabérselo todo, sería suficiente con que se supieran los temas que tienen que impartir a sus alumnos y tratar de seguir estudiando, leyendo y aprendiendo durante todo su vida.

En 2013, los exámenes de oposición de los maestros de la comunidad de Madrid  arrojaron resultados vergonzosos, y es que sólo el 13 % aprobaron, mientras que el resto reprobó con preguntas del nivel de alumnos de 12 años. Esos resultados provocaron una posible revisión de planes y programas de estudio de la formación inicial de maestros, para ver en podrían mejorarse. Es loable la intención, pero si estos se enfocan en evitar contenidos y esfuerzos, como ocurre con los de los alumnos, me temo que saldrán igual o peor preparados.

Una de las características que distingue al buen maestro es el dominio del tema que imparte, y cuando eso ocurre, la motivación, la metodología y todos los recursos didácticos que quiera utilizar se darán en cascada, asegurando con ello una clase productiva y útil. Es impresionante la habilidad que tienen los alumnos para detectar la ignorancia y la improvisación de un maestro en especial cuando se apoya en la estrategia de ponerlos a "investigar" y "exponer "lo investigado.
Contra todo lo que se pueda pensar, eso no es enseñarlos a que aprendan a aprender, ni tampoco se trata de una clase constructivista, escudándose en que su postulado dice que el alumno debe ser protagonista de su propio aprendizaje. Eso se parece más a una simulación en la que los propios alumnos se vuelven cómplices de la poca preparación del maestro, presentando el tema, casi siempre si procesar y sin que con ellos esté garantizado su aprendizaje. Es verdad que un maestro no puede saberlo todo, pero tiene la obligación de estudiar y prepararse cada vez más y mejor.
De alguna manera está latente en la sociedad la necesidad de que los maestros salgan mejor preparados de las escuelas de formación y de que posteriormente reciban una educación continua que abarque, tanto las cuestiones valorales, pedagógicas y metodológicas, como el repaso y la profundización de los conocimientos que imparten. Es una realidad que los maestros cada vez tienen más horas de capacitación en diferentes temas, pero también es una realidad que pocas de ésas se refieren al estudio y repaso de los contenidos de su especialidad. 
Todos sabemos que la calidad de la educación siempre estará unida a la calidad del docente, y dicha calidad está en conocimientos que imparte, en valores que proyecta, en las buenas actitudes hacia sus alumnos, hacia las familias y hacia su profesión; la calidad de un maestro se refleja en el aprendizaje de los estudiantes e igualmente en todo aquello que lo convierte en un ejemplo a seguir. 
Sin embargo, también las autoridades tienen que hacer su parte, ya que sería muy injusto exigirle todo al docente y no dotarlo de materiales, infraestructura y condiciones que sean propicias para la enseñanza. Un maestro bien preparado y con una escuela digna, hace la diferencia, y se convierte en un factor determinante sobre todo en las comunidades más pobres y necesitadas y con los alumnos más vulnerables.
Que los maestros salgan de la escuela con un título bajo el brazo no les garantiza un buen desempeño, como tampoco se los garantiza el tener miles de horas de cursos y diplomados, cuando no dominan las materias que enseñan. 

Es necesario repensar tanto la formación inicial como la continua y asegurarse de que el maestro realmente cuente con todas las herramientas para ser un profesional de calidad, ya no es posible seguir haciendo cambios  y poniendo parches al sistema educativo. Hay que empezar a hacerlo bien desde el principio, si es que queremos un mundo de ciudadanos preparados, con actitudes y valores que los haga buenos, fuertes y creativos, que le permita enfrentar un mundo en constante cambio.

"La educación, más que cualquier otro recurso de origen humano, es el gran igualador de las condiciones del hombre, el volante de la maquinaria social.Horace Mann (Escritor, político y educador norteamericano) Petra Llamas García. 

Publicado en La Jornada de Aguascalientes el  22 de marzo del 2013. petrallamasgarcia@hotmail.com
,  Twitter: @petrallamas 

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