Colegio Santa Rosa en Huesca, España

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lunes, 16 de abril de 2012

Los candidatos y su campaña electoral en los medios

“Debéis elegir, no al que mejor discurra acerca de las leyes, sino al que tenga la virtud de observarlas con más constancia”. Francois Fenelón
Desde que empezó la campaña electoral, uno de los temas de conversación han sido los constantes e invasivos comerciales de los candidatos. Están en radio, TV, en el cine, autobuses, espectaculares y periódicos. 

La duda es si el objetivo, de llegar al elector y convencerlo de votar por ellos, se estará logrando o únicamente están provocando la molestia, crispación y el rechazo a tanta propaganda, sin contar con la gran cantidad de dinero que se va en esos comerciales y que seguramente estaría mejor empleado en otros menesteres. Por si fuera poco, se ha desatado una guerra sucia entre los candidatos, que provoca en los electores un enorme malestar. No creo que sea ésa

 la clase de campaña política que queremos tener.
La palabra campaña deriva del francés “campagne” (campo). Es un término que tiene un origen militar, aludiendo al tiempo en el que el ejército podía mantenerse en el campo de batalla. Y es que cualquier campaña tiene algo de guerra, dado que su finalidad es vencer al adversario. El diccionario también la define como una serie de esfuerzos y actividades encaminados a la consecución de algún objetivo, en este caso, ganar la votación.

Una campaña política puede llevarse a cabo en diferentes ámbitos y con una gran diferencia en el costo económico y sabemos también que, mientras mayor sea el número de votantes indecisos, mayor es la importancia que adquiere. De esta manera, se invierten grandes sumas de dinero en profesionales y expertos en propaganda electoral, así como en tiempos y espacios de medios de comunicación masiva, lo que la vuelve inequitativa y apartada de cualquier ideal democrático.

Estamos asistiendo al abandono, por parte de los políticos, de las formas más democráticas y baratas de comunicarse directamente con la gente, para recurrir y abusar de medios extraordinariamente caros pero que pueden llegar a más gente en menos tiempo. Por su parte el elector poco informado se dejará llevar más por la persuasión de la imagen y los mensajes de los medios que por las propuestas convincentes que los candidatos les puedan ofrecer, con lo que están perdiendo también la libertad de elegir de una manera reflexiva y bien informada.

La propaganda electoral es el medio por el cual el candidato puede enviar un mensaje persuasivo, que atraiga y agrade a los votantes. Sin embargo, el hecho de reducir la campaña política al ámbito de los medios masivos de comunicación, la vuelve impersonal y superficial, con ello se reduce también el compromiso y la responsabilidad social de los candidatos, además de que no permite el intercambio de ideas y la sana interacción

Se emiten mensajes en cápsulas, procesados y digeridos y en muchas ocasiones se distorsionan los hechos y los datos; se usa el doble mensaje o un mensaje ambiguo y se recurre a las emociones, especialmente el miedo, para manipular la voluntad.


Según la mitología griega, Peitho era la diosa de la persuasión, que dominaba magistralmente la retórica. Era hija de Hermes y Afrodita, por lo que al estar ligada con la diosa del amor y la belleza, convertía la persuasión en una forma de seducción. Eso es finalmente lo que hace un candidato con sus electores, los seduce a través de la retórica para que voten por él. 

Aristóteles hablaba de tres elementos de persuasión que no han dejado de tener vigencia en la actualidad: El ethos, que es el carácter y la personalidad del orador; El lagos, o argumentación convincente de lo que se está defendiendo, y el pathos, o capacidad de provocar emociones en el público. 

Se puede decir, entonces, que un buen candidato debiera ser carismático, dominar la retórica y hacer uso de las emociones para mover a la audiencia.
Sin embargo, hoy día, la retórica en la propaganda política se utiliza para provocar el conflicto en la lucha por el poder; para desinformar y desorientar a los electores y para desprestigiar y difamar al contrincante. 

Las personas acaban confundidas y saturadas de mensajes sin saber a quién creer. El hecho de conducir una campaña electoral como si fuera un show televisivo sólo provocará el abstencionismo. Sin embargo, todo el ruido electoral que nos atosiga y abruma, no puede desviarnos del objetivo de elegir con cuidado y atención al candidato con mejores propuestas y que mejor pueda representarnos.


Candidato” es una palabra que deriva del latín “candidatus” porque se refiere a la persona que usaba la toga blanca “candidus”, misma que vestían aquellos que buscaban un cargo público y que representaba la pureza de su vida e intenciones. Por tanto, que un candidato sea percibido por el electorado como una persona confiable y honesta es muy importante y que éste pueda responder a las cualidades que esperan los electores de él tiene mucho valor a la hora de la votación. 

Todavía están a tiempo de reconducir su campaña, de acercarse más a la gente, de dar a conocer propuestas sensatas y realistas y sobre todo de ser más prudentes con el gasto. Decía Maquiavelo: “No sin razón se compara la voz del pueblo a la de Dios, porque los pronósticos de la opinión pública son a veces tan maravillosos, que parece dotada de oculta virtud para prever sus males y sus bienes”. Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 13 de abril del 2012. @petrallamas

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