Colegio Santa Rosa en Huesca, España

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sábado, 7 de enero de 2012

Reflexiones sobre la felicidad y los buenos deseos



"Todas la cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo." André Gidé.
Cada nuevo año y como siempre, desde que tengo memoria, los “buenos deseos” y todas las variantes del término “felicidad” suelen ser las palabras que más se repiten en estas fechas y con el uso de las redes sociales se han multiplicado. Millones de mensajes de felicitación habrán navegado por la red, al mismo tiempo que se brindaba por un mejor año en el que no habrán faltado los deseos
tradicionales de: salud, adelgazar, aprender inglés, viajar, dejar de fumar, de beber, cambiar de trabajo, etc. Una lista que cada año se repite y que cada año, también, se queda en buenos deseos.

El nuevo año viene a ser la representación de esa nueva persona en la que anhelamos convertirnos. Nos miramos en él como en un espejo lleno de esperanzas e ilusiones. No gustaría realizar cambios en nuestra vida, modificaciones a aquello que no nos gusta, a la rutina que nos empobrece. Deseamos interiormente y con todas las fuerzas que logremos más y mejores cosas, que tengamos menos sufrimientos, buena salud, un mejor trabajo, una mayor calidad de vida, en fin, que seamos más felices

Son cambios que hemos deseado por mucho tiempo y que también hemos estado posponiendo, de manera continua, esperando que con el nuevo año finalmente lo logremos.


Pero olvidamos algo, nuestros deseos nunca van acompañados de un plan de acción, de una serie de actividades sistemáticas a las que sería más fácil ponerle tiempos y metas: de manera que se quedan en simples intenciones o pensamientos, los cuales dejamos en manos del azar, para acabar lamentando que el año que se va no fue todo lo positivo que quisiéramos y volvemos a poner la ilusión en el nuevo año, como un ciclo que se repite sin fin. 

Decía Chesterton: “La idea que no trata de convertirse en palabra es una mala idea, y la palabra que no trata de convertirse en acción es una mala palabra”.


Es también en esta época cuando los agoreros y los que viven de la ignorancia de la gente hacen su agosto. Se publican horóscopos y predicciones sobre lo que nos deparará el año nuevo, y la gente los consulta tratando de visualizar un futuro venturoso y feliz, evitando el esfuerzo que se necesita para lograrlo. 

De no cumplirse las predicciones, le echarán la culpa a la mala suerte, al signo del zodíaco o al mal de ojo y claro, también incluirán a Dios en sus reclamaciones.


El hombre ha logrado grandes avances tecnológicos y científicos y puede presumir de ello, sin embargo aún no puede vanagloriarse de haber obtenido avances en la calidad de su vida interior, porque todavía no ha logrado dominar su propia mente. Estamos acostumbrados a pensar de forma negativa, a deprimirnos y desanimarnos con facilidad cuando las cosas no salen como quisiéramos. 

Seguimos ejercitando el victimismo y la autocompasión, esperando la solución y el consuelo desde fuera. Aún no podemos ver con claridad el aprendizaje que suponen los problemas o las situaciones conflictivas, ni tampoco el poder que tenemos en la construcción de nuestra propia felicidad


John Locke afirmaba: “Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”. La actitud es básica para enfrentarse a los hechos con optimismo y ánimo. Tal vez no se puede cambiar lo que hay alrededor, pero sí el cómo se toman esos hechos. 


Hay que trabajar los pensamientos positivos, evitando que la mente se convierta en nuestro peor enemigo. Supone un esfuerzo grande, pero es cuestión de ir ejercitándola poco a poco, hasta dominarla. La felicidad o el dolor están en nuestra mente y cuando por fin lo entendemos y podemos controlarlo, cesa la lucha y la frustración y buscamos adaptarnos, en vez de esperar que las circunstancias se adapten a nosotros. “Ni la naturaleza ni el vino ni ninguna otra cosa se puede disfrutar si tenemos la actitud equivocada ante la felicidad” Chesterton.

Existen muchos decálogos sobre la felicidad, pero la regla de oro para obtenerla, además de modificar nuestros pensamientos y la actitud que conlleva, siempre pasa por el altruismo. El servicio a los demás es la mejor manera de estar bien con nosotros mismos, es uno de los ejercicios que mejores resultados proporciona a la salud mental de las personas. Hay que salir de nuestros propios agobios y dificultades y preocupamos por aquellos que tienen sufrimientos mucho más grandes que los nuestros.


Definitivamente son excelentes los deseos sobre mejorar nuestra salud, adelgazar, aprender inglés, viajar o dejar de fumar pero hay planearlos, concretarlos y luchar para lograrlos, sin embargo, el mejor propósito, el que nos provocará una felicidad grande y segura siempre será el de promover acciones generosas que hagan la vida más fácil a todos los que no rodean. Petra Llamas García. 

Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 6 de Enero del 2012. petrallamasgarcia@hotmail.com.Twitter: @petrallamas

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