Colegio Santa Rosa en Huesca, España

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lunes, 16 de enero de 2012

Que pase el desgraciado, juzgados por la turba


"La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos". (Concepción Arenal)

Una mujer lloraba en el plató de TV mientras contaba las atrocidades a las que era sometida por su pareja, que iban desde el maltrato físico y psicológico, hasta la esclavitud en
la que la tenía sumida mientras no lograra saldar la deuda que había contraído con él. Todo esto era escuchado por una presentadora que parecía regodearse con el victimismo de la pobre e ignorante mujer.

Después de escucharla e interrumpirla en múltiples ocasiones, aderezando los hechos con detalles innecesariamente morbosos, gritó: “¡Que pase el desgraciado!” y él apareció, como si ése fuera su nombre de pila, en medio de gritos e insultos de los espectadores, disfrutando el momento de protagonismo que le brindaba el programa y consciente de que iba a ser sometido a un juicio público, transmitido por TV en el canal de más audiencia y a una hora en que los niños ya han regresado de la escuela.


El hombre alardeaba de su machismo y del desprecio que sentía hacia su pareja, mientras la conductora le gritaba que nadie iba a tratar así a una mujer en su presencia. Gritos, manoteos, desplantes e insultos eran los medios que esta conductora utilizaba para enseñarle al hombre que no debía maltratar a su mujer. Venía siendo algo así como: “Haz lo que digo, pero no lo que hago”.

Quiero pensar que en este programa son actores interpretando a gente de la vida real y sus desdichas, porque si fueran personajes reales, tendríamos motivos suficientes para entristecernos ante la poca dignidad y nulo amor propio que manifiestan. Los programas presentan violaciones, maltratos a la mujer, a los hijos, bullying, niñas embarazadas y un largo etc. que debieran ser atraídos por instituciones creadas para ello: institutos de la mujer, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), protección al menor y similares. 

De otro modo, para qué tenemos esos organismos si todo puede ser dirimido en un programa de TV, entre un público rabioso y una conductora que, además de gritar e insultar a los invitados, se erige en juez que emite la sentencia que a ella le parece pertinente.


Hay quien dice que su programa cumple una labor social y que los que no vemos ese sesgo humanitario estamos equivocados. La verdad es que no hace falta ser un experto para darse cuenta de que si quiere ayudar a la gente ignorante y pobre, a resolver los problemas que se plantean en el programa y que seguramente afectan a muchas personas en nuestro país, ése no es el camino, porque el fin no justifica los medios.

No se pueden resolver los conflictos de una manera tan vejatoria, humillante y violenta, hay que canalizarlos a las instancias correspondientes y que sean los expertos los que guíen y asesoren a estas personas. De nada servirá que en las escuelas se les enseñe a los niños la cultura de la paz y la resolución pacífica de los conflictos, si cuando llegan a su casa, tienen a su alcance tan denigrante espectáculo en el que la paz y el respeto brillan por su ausencia.

Sin embargo, juzgar en los medios a alguien no es prerrogativa de este programa, los noticieros exhiben sin pudor videos de aficionados que graban a otros ciudadanos mostrando sus conductas indeseables, poniéndolos a disposición de los espectadores para que nos indignemos y acabemos convirtiéndonos en fiscales y jueces de su conducta, destruyendo sin que medie defensa alguna, su fama y su honor, por mucho que en apariencia se lo merezcan. 

En el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se lee: Nadie será objeto de injerencias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación".


Esos videos, que debieran ponerse en manos de las autoridades como una prueba contra quien ha cometido el delito, se convierten en la noticia machacona de todos los noticieros del día; se vuelve también el tema de moda en twitter, donde se compite por emitir el insulto, sarcasmo o chiste más creativo al respecto y donde se sugieren, inclusive, actos violentos contra esas personas. 

También pasarán a formar parte del asunto favorito de los correos masivos, que irán adicionados con frases de repudio y desprecio. Lo malo es que el tema central de estos videos es la dignidad de una persona, sea o no culpable del hecho en el que fue grabado, y que rueda sin el menor valor, juzgada y condenada por todos. 


“Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad” (…) (Artículo 11 de la Declaración de Derechos Humanos)


Esa presunción de inocencia debiera ser un freno a la hora de difundir y criticar el material en el que se exhiben las miserias de cualquier persona, porque de otra forma estamos actuando igual que los conductores de un talk show, que presentan hechos vergonzosos, reprobables y en muchos casos delictivos, juzgándolos y condenándolos en público, convirtiéndonos también en parte de esa turba enardecida que protesta y gesticula, mientras alguien grita: “¡que pase el desgraciado!”. Petra Llamas García. 

Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 13 de enero del 2012. petrallamasgarcia@hotmail.com. Twitter: @petrallamas.

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