Colegio Santa Rosa en Huesca, España

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sábado, 10 de diciembre de 2011

La dignidad de la persona es el fundamento de los Derechos Humanos

“Todos los seres humanos nacen libres o iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” (Art. 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos)
 El 10 de diciembre se conmemora el Día Internacional de los Derechos Humanos, debido a que fue un 10 de diciembre de 1948 cuando la Asamblea General de la ONU proclamó y aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. En México se creó en 1990 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
La Declaración Universal de los Derechos Humanos se compone de una serie de principios que establecen cuáles son  las necesidades básicas que tienen las personas para poder vivir con dignidad. Son demandas inherentes a la dignidad humana y deben ser garantizados por el Estado. Son inalienables, es decir que no pueden suprimirse, ni despojar a ninguna persona de ellos. 

Son interdependientes e indivisibles lo que indica que al privar a un individuo de alguno de sus derechos, afecta de manera negativa a los otros derechos y además son iguales para todos, sin discriminación alguna.


Todas las civilizaciones y culturas han desarrollado, en mayor o menor grado, con mayor o menor sentido de la justicia, un cuerpo de Ley que ha servido de antecedente para la actual Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el que se establecen una serie de principios que surgen para proteger al hombre de la crueldad, la injusticia y los excesos del hombre.

Desde el “Código de Hammurabi” (1760 a.C.), que era más bien un conjunto de leyes que favorecía el “ojo por ojo” y en el que se validaba la venganza como forma de responder a las agresiones. Los Diez Mandamientos del Antiguo Testamento que contienen una serie de mandatos basados en los valores fundamentales del ser humano. El Derecho Romano y Las Doce Tablas (siglo V a. de C.) leyes que permitían a los ciudadanos reclamar sus derechos y defenderlos ante los tribunales. La Carta Magna (1215) que surge como protección a la tiranía de Juan I de Inglaterra (Juan “sin tierra”) proponía igualdad de trato y sanciones justas para los que cometían delitos.

La Declaración de Derechos de Virginia (1776) -firmada un mes antes que la de la Independencia- donde se mencionan los derechos innatos de los hombres, de los que no se podían desposeer. La Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776), en la que ya se habla de que “todos los hombres son creados iguales; son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.”  La Revolución Francesa (1789) donde los derechos humanos adquieren un perfil más internacional y teórico. Todos estos y otros muchos  documentos fueron los que antecedieron a la Declaración Universal de los Derechos Humanos que fue aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, después de la 2ª Guerra Mundial.

Pero para poder entender el sentido de los Derechos Humanos, se hace necesario entender primero el concepto de dignidad humana, no como un derecho del hombre, sino como fundamento y justificación última de todos los derechos. Sin esa base, los derechos humanos quedan reducidos a simples y hermosos enunciados que pueden ser relativizados a voluntad. 

De tal manera que, por ejemplo, se corra el riesgo de tratar a un criminal de la misma manera que él trató a la víctima, olvidando que la dignidad no se puede quitar u otorgar porque es inherente a la persona y que juzgar a los demás con base en las emociones y sin ningún fundamento sobre el valor de la dignidad humana, provoca ese relativismo que se manifiesta en declaraciones sublimes sobre el derecho a la vida, mientras se aprueba el aborto o se solicita la pena de muerte para asesinos. El Estado tiene la obligación de garantizar los derechos humanos y no puede convertirse en un violador de los mismos.


En el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se dice: “Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”(…)

Es ese desconocimiento del significado de la dignidad humana, como pilar sobre el que se asientan todos los derechos del hombre, lo que está provocando que muchas personas no entiendan la función de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) que vigila que se cumplan los principios de la Declaración Universal, aún con personas que nos producen repulsión y desprecio, porque hasta ellos tienen dignidad de persona y no la pierden ni cuando cometen actos reprobables. 

Pero una cosa es vigilar que sean tratados de acuerdo a esa dignidad y con respeto y otra muy diferente es pensar que la función de la Comisión sea exonerar a los culpables de delito. Los derechos humanos residen en la dignidad que tiene como persona, no en la actividad que realiza.


La comprensión sobre los Derechos Humanos tiene que empezar necesariamente por el concepto de dignidad humana, para que de esta manera se puedan exigir y respetar, sabiendo que en todo momento lo que está de por medio no es una visión personal de los mismos, sino una visión universal que reconoce y acepta la dignidad de la persona, como un valor supremo que nos iguala a todos, por el sólo hecho de ser personas. Petra Llamas García. 

Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 9 de diciembre del 2011. petrallamasgarcia@hotmail.com. @petrallamas

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Hola, Laura. La idea principal está en el título del artículo y las secundarias la apoyan. Saludos

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