Santa Rosa en Huesca

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Colegio Santa Rosa en Huesca

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El alumno en el centro de la educación (PAIDOCENTRISMO)

"El espíritu se deja atraer, por pereza y por costumbre, a lo que es fácil y agradable. Este hábito pone límites a nuestro conocimiento, y nadie se toma el trabajo de llevar su espíritu todo lo lejos que podría ir. F. de la Rochefoucault
En el siglo XIX surge un movimiento encaminado a renovar de una manera profunda el sistema educativo,
influido entre otras cosas, por el cambio en la sociedad industrial y la expansión de la educación hacia niveles sociales que antes no podían acceder a ella. 

Por tanto la escuela se convirtió en un recinto en el que convivían una gran variedad de alumnos con circunstancias sociales y económicas muy diferentes. Es lógico que estos importantes cambios hayan generado la necesidad de modificar los métodos educativos existentes, para poder atender exitosamente a la diversidad de alumnos.


A este movimiento se le conoce como “Escuela nueva” o “Escuela activa” que se oponía claramente a las formas y métodos de la educación tradicional. Está basada en las ideas de pedagogos, filósofos y psicólogos como Rosseau, Pestalozzi, Froebel, entre otros. Sus principales características pueden resumirse en: 

1. El respeto a los intereses del alumno. 

2. Fomentar el aprendizaje autónomo y 
3. El aprendizaje como resultado de la actividad del alumno y no como simple transmisión del conocimiento. 

En este modelo, el profesor se convierte en un facilitador del aprendizaje y por tanto, pierde el papel protagónico de la escuela tradicional. Sin embargo no hay que olvidar que una de las críticas que la Escuela Nueva tuvo en su época era que supeditaba el conocimiento en favor de la actividad y que no existía disciplina suficiente. 


Resulta interesante que se haya repetido la misma historia en la sociedad actual, y que se haya decidido modificar los viejos paradigmas de la escuela tradicional para adoptar los principios de la Escuela Nueva, aunque enriquecida por nuevas teorías y orientándola hacia una educación basada en el aprendizaje del estudiante. De manera que hemos pasado de un magistrocentrismo, donde el maestro era el protagonista, a un paidocentrismo, dejándole el lugar al alumno. 


El problema de este cambio, tan positivo en su enfoque, es que no está arrojando los resultados esperados y su aplicación, a mi modo de ver, dista mucho de ser lo que la teoría señala. Creo que algunos de los conceptos que le dan sustento están distorsionados y que, por mucho que los repitan grandes eruditos de la educación, no le cambian el sentido que realmente se le está dando a ese paidocentrismo.

La UNESCO en uno de sus últimos informes dice lo siguiente: “Con carácter general, el papel del enseñante tiende a modificarse en la medida en que la función magistral de transmisión de los conocimientos viene completada por funciones de diagnóstico de las necesidades del alumno, de motivación y estímulo para el estudio, de control de la adquisición del saber”.

Ahora el maestro debe diagnosticar las necesidades de sus alumnos, partir de sus intereses, motivarlos en el estudio, además de hacérselo significativo y se le exige también controlar que hayan adquirido los conocimientos. Todas estas actividades ya las llevaban a cabo los buenos maestros de la escuela tradicional, como seguramente también lo hacen los buenos maestros en la actualidad.

Sin embargo, no se debe perder de vista que el acto de aprender es un acto de voluntad y que, por muchos malabares que haga el maestro, si el estudiante no quiere, será muy difícil lograrlo. Tampoco hay que perder de vista que el aprendizaje requiere de esfuerzo y disciplina, de la que no se debe prescindir o de lo contrario se corre el riesgo de convertir a los alumnos en perezosos, inmaduros e incapaces de asumir su propia responsabilidad, algo que ya está empezando a pasar. 

Ahora espera pasivamente que el maestro se encargue de todo, que lo motive, lo entretenga y le haga fácil la clase porque si no, lo culpará de su aburrimiento o de su mal desempeño.


Definitivamente, algo que teóricamente es bueno, empieza a desvirtuarse. No se trata de que el maestro cargue sobre sus hombros con todo el compromiso, camuflado bajo el sobrenombre de “facilitador”. El alumno tiene una parte muy importante en su propio aprendizaje y esa parte comporta esfuerzo, disciplina y sobre todo responsabilidad. Convertir al estudiante en el eje del hecho educativo no es sinónimo de que el maestro lo haga todo para que él aprenda.

Los padres también han adaptado las nuevas teorías y el rol del maestro a su propia conveniencia, por eso exigen y tienden a culparlo del fracaso escolar de sus hijos. También han malinterpretado el término de “colaboración con la escuela” creyendo que significa entrometerse y criticar la tarea del docente; cuando en realidad su papel está en casa y es ahí donde deben colaborar con el maestro, formando a sus hijos en valores, ayudándoles a adquirir hábitos de estudio, haciéndolos personas educadas y respetuosas, enseñándoles que todo lo que realmente vale en esta vida, supone un esfuerzo, pero sobre todo, que cada quien es responsable de sus propios actos.

No dejemos que los términos desvíen el verdadero propósito de la educación y empecemos a hacer lo que a cada uno le toca y de preferencia, mucho mejor de lo que ahora se está haciendo. Decía Erich Fromm: “Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento son mutuamente interdependientes”. Petra Llamas García. 

Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 9 de noviembre del 2012. petrallamasgarcia@hotmail.com, Twitter: @petrallamas

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