Santa Rosa en Huesca

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Colegio Santa Rosa en Huesca

jueves, 13 de septiembre de 2012

Rousseau abandonó a sus hijos, pero enseña cómo educarlos

Ningún derecho tiene para ser padre quien no puede desempeñar las funciones de tal. No hay pobreza, trabajos ni respetos humanos que lo dispensen de mantener a sus hijos y educarlos por sí mismo. Puedes creerme,
lector: a cualquiera que tenga entrañas y desatienda sus sacrosantos deberes le pronostico que derramará largo tiempo amargas lágrimas sobre su yerro, y que nunca encontrará consuelo" “Emilio” de J.J.Rousseau
Juan Jacobo Rousseau nació en Ginebra (Suiza) el 28 de junio de 1712. Viajó mucho y tuvo una vida difícil. Su madre murió en el parto y el padre lo entregó a un tío, que a su vez lo regaló a un sacerdote. Trabajó como grabador y posteriormente fue autodidacta, aprendiendo latín, italiano, música, matemáticas y biología. Entabló amistad con personajes tan importantes como Diderot, Voltaire o Hume. Fue un famoso escritor y filósofo, destacando como uno de los más notables miembros de enciclopedismo francés. También fue músico, desarrollando un sistema de notación propio y llegando a componer varias obras y algunas óperas.

Se destacó por ser un personaje polémico y lleno de contradicciones. Tuvo una agitada vida amorosa con mujeres de la alta sociedad de las que siempre obtuvo ayuda y protección. Pasó la mayor parte de su vida al lado de Thérèse Levasseur, una humilde lavandera, de la que se avergonzaba y con la que tuvo cinco hijos a los que abandonó en un orfanatorio poco después de nacer. Rousseau murió en 1778.

En 1762 publicó “Emilio o la educación” que es un tratado pedagógico novelado, compuesto por cinco libros y escrito a solicitud de su amiga Madame de Chenonceaux, para saber cómo educar a sus hijos. Ésta será la obra que él considera más importante y significativa de todas las que escribió. 

Emilio es un niño ficticio, al que su tutor, encarnado por el mismo Rousseau, educará en aislamiento y de manera personalizada ya que al ser huérfano no podrá ser atendido por la madre a la que considera su mejor nodriza ni por el padre al que ve como el mejor preceptor.


El libro I, abarca desde el nacimiento a los cinco años y en él establece que hay tres clases de educación: la de la naturaleza, que son los impulsos naturales y las facultades innatas. La de las cosas, que es la interacción con los objetos que nos rodean. La de los hombres, que es la acción del maestro con la finalidad de formarlo. 

En el II, de los seis a los 12 años, se forma a Emilio en las necesidades naturales, en la ejercitación de su cuerpo y en la que se le impide leer algún libro. 


En el III, de los 12 a los 15, inicio de la adolescencia, se le enseñará a actuar no sólo por necesidad sino por utilidad y le harán elegir un oficio (carpintería), además de permitirle leer su primer libro, Robinson Crusoe, de Daniel Defoe


En el IV, de los 15 a los 20 años, donde inician los cambios fisiológicos y el despertar sexual, por tanto habrá que educar las pasiones y empezar a pensar en una compañera. 


En el V, es el inicio de la vida adulta, donde aparece Sofía, que Rousseau aprovecha para describir los principios de la educación femenina. Emilio y Sofía viajan dos años por Europa y a su regreso se casan. El preceptor sigue guiando a Emilio hasta que tienen un hijo y entonces le deja el papel de tutor, cerrándose así el ciclo educativo.


Rousseau, con esta obra, no sólo revolucionará la educación de su época, sino que parte de sus ideas permanecerán hasta nuestros días, mismas que pueden resumirse en el postulado de cariño y respeto al niño y a sus etapas de desarrollo, enfatizando en que aprenden de diferente manera que los adultos. 

Por primera vez todo girará en torno a los intereses del niño, que deberá aprender por descubrimiento, partiendo de su propia experiencia y colocándolo como sujeto protagónico del proceso educativo, desplazando de ese puesto al maestro.


No obstante también fue criticado porque plantea una educación elitista al no aceptar la educación como un fenómeno social al alcance de todos, sino sólo de los niños ricos; como tampoco fue bien recibida la idea de una educación individualista por la imposibilidad de asignar un tutor a cada alumno y el alto costo que supondría. 

Otra de las críticas va encaminada hacia la absurda idea de aislar al alumno de la sociedad para evitar ser contaminado, porque el mismo docente proyectará en la acción educativa sus valores y comportamientos sociales.
Sin embargo, la crítica más dura siempre será la de la gran paradoja que supone escribir un tratado sobre la educación de los hijos y que él no haya sido capaz de guiar y educar a sus propios hijos, a los que abandonó -como dije anteriormente- en un orfanato, aún sabiendo que eso sería una condena a muerte, ya que pocos sobrevivían en esa clase de instituciones. 

Se dice que se arrepintió con amargura de lo que hizo, pero el mal ya estaba hecho. Más tarde, en sus “Confesiones”, se justificó de la siguiente manera: "¿Cómo podría haber tenido la tranquilidad mental necesaria para mi trabajo con mi buhardilla llena de problemas domésticos y el ruido de los chicos? Sin embargo, sé muy bien que ningún padre es más tierno de lo que yo hubiera sido". Petra Llamas García. Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 7 de septiembre del 2012. petrallamasgarcia@hotmail.com, Twitter: @petrallamas

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