lunes, 13 de febrero de 2012

Cómo saber cuáles son las mejores universidades

Cuando la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se refiere a la educación superior, se expresa en los siguientes términos: “Necesaria para el desarrollo de la nación, apoyará la investigación científica y tecnológica y alentará el fortalecimiento y difusión de nuestra cultura” (…) agrega también: “Las universidades e Instituciones de Educación Superior (…) realizarán sus fines de educar, investigar y difundir la cultura". Efectivamente, la educación superior debe
realizar esas tres actividades y otras más que el nuevo entorno global le está demandando. Las Instituciones de Educación Superior (IES) son el lugar donde se aprende, se investiga, se desarrollan las ideas y se produce el conocimiento, mismo que contribuye al desarrollo y la  transformación de la sociedad, sin embargo este enfoque no siempre fue así.

Desde la Edad Media hasta principios del siglo XIX las universidades eran consideradas como templos del saber, lugares aislados donde las élites intelectuales transmitían un conocimiento que casi siempre estaba alejado de la sociedad. No será sino hasta el siglo XIX cuando las universidades alemanas le agregan una nueva función, la de la investigación

En la última mitad del siglo XX, esta nueva actividad se unirá a la del aprendizaje con la finalidad de impactar positivamente en la sociedad. En paralelo, la educación superior se democratizará y se pondrá al alcance de todos; modificando su rol de transmisoras de saberes, para convertirse en pilares de la economía basada en el conocimiento.

El fenómeno de la globalización, el surgimiento de la sociedad del conocimiento y la revolución tecnológica y científica contribuyeron a que surgiera un nuevo modelo de universidad, con nuevas funciones que se añaden a las ya tradicionales de la enseñanza, investigación y difusión

Ahora se han convertido en centros que fomentan también el emprendimiento, la innovación y que tienen muy claro su compromiso con la sociedad. Es en este contexto donde se forman las nuevas redes de colaboración entre universidades, centros de investigación, gobierno y las empresas.

Para hacer frente a estos cambios, los gobiernos se ven en la necesidad de desplegar una serie de estrategias que mejoren la eficiencia, productividad y el correcto uso de los recursos que se invierten en las IES. Surge el concepto de calidad como ingrediente esencial para el desarrollo económico, surge la cultura de la evaluación por terceros, con el desarrollo de una serie de indicadores ad hoc y surge también la rendición de cuentas.

Se adopta el modelo de evaluación CIPP (Contexto, Insumos, Procesos y Productos) de Stufflebeam ya que parece ser el más completo y es en el que se han basado los organismos que evalúan la calidad de las universidades de México. 

La evaluación del contexto arrojaría los datos socioeconómicos, laborales y locales del entorno en el que se sitúa la universidad. En la de las entradas o insumos se valorarían los recursos humanos, materiales y financieros, los programas, la infraestructura y el equipamiento. En la evaluación de los procesos se incluirían los académicos, administrativos y de vinculación, entre otros, y en la de los productos o resultados, estaríamos hablando de los egresados y su inserción en el mundo laboral, las demandas de la empresa, las patentes tecnológicas que se han desarrollado o sus publicaciones, entre otros. 

Una vez que se ha establecido el contexto, los insumos, procesos y productos a evaluar, hay que construir los indicadores, criterios y estándares para su evaluación.

La evaluación en universidades públicas, en la actualidad, comienza con un ejercicio de autoevaluación diagnóstica, en la que se detectan los aspectos positivos y las áreas de mejora de la institución. Posteriormente será visitada por los Comités Interinstitucionales de Evaluación de la Educación Superior (CIEES) que emitirán una serie de recomendaciones basándose en los resultados de dicha evaluación interna.

El siguiente paso está a cargo de los organismos que tienen la autorización del Consejo Para la Acreditación de la Educación Superior (COPAES) para evaluar contexto, insumos, procesos y productos de los diferentes programas que se imparten en la universidad. Estos organismos también emitirán recomendaciones y le darán seguimiento para que se cumplan, convirtiéndose en una actividad de valoración, toma de decisiones y mejora continua.

El tema de la evaluación pone a la defensiva a las Instituciones privadas, puesto que las públicas están inmersas en este proceso de una manera obligatoria y, aunque en los discursos se habla de su importancia y de la necesidad de una cultura de evaluación, están reacios a este proceso. Pero, si bien las evaluaciones institucionales conllevan un juicio de valor sobre el estado de las cosas, también desencadenan una serie de acciones que perfeccionan aquello que funciona y que mejora lo que no está funcionando.

El proceso de evaluación de las IES está muy bien organizado y sistematizado en nuestro país. Tal vez, existan aspectos económicos, metodológicos o de indicadores que deban mejorarse, pero hoy por hoy son una garantía de la calidad de una Institución, así como la de los programas que imparte. 

De nada sirve una excelente campaña de publicidad en la que se reciten las maravillas de una Institución y de poco sirve tratar de defenderla del apelativos “patito” si no tienen manera de demostrar que en ella se trabaja con calidad y que además es un tercero quien lo certifica. Petra Llamas García. 

Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 10 de febrero del 2012. petrallamasgarcia@hotmail.com. @petrallamas

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