jueves, 21 de julio de 2011

Educación sin carácter

"No puede existir la educación libre, porque si dejáis a un niño libre no le educaréis". Chesterton  
La primera vez que leí “Los siete pecados sociales” de Mahatma Gandhi, me quedé impresionada por la simpleza y precisión que hay en sus enunciados: 1.Políticas sin principios. 2. Economía sin moral. 3. Bienestar sin trabajo. 4. Educación sin carácter. 5. Ciencia sin humanidad. 6. Goce sin conciencia. 7. Culto sin sacrificio.
Son tan profundos y descriptivos que siempre he pensado que no había mucho más que agregar, ya que la simple frase lo decía todo; sin embargo, cada vez que los leo me apetece dialogar con ellos, reflexionar, profundizar y llegar a conclusiones personales, de las que nunca acabo de estar muy satisfecha del todo...
De todos ellos, el de “Educación sin carácter” puede ser considerado el pecado que da origen a los otros, puesto que la educación es determinante en la calidad de persona que produce y, por tanto, también determina el perfil de la sociedad en la que vivimos
Y hoy vivimos en una sociedad que ha alcanzado altos niveles de desarrollo científico y tecnológico y eso ha facilitado un sinfín de tareas que antes se obtenían con esfuerzo. La escuela, como parte de la sociedad, también aprovecha esos avances, ya que alumnos y maestros cuentan ahora con herramientas que hacen menos árida la enseñanza y el aprendizaje. No obstante, el comportamiento humano no parece ir acorde a dicho desarrollo y sería conveniente preguntarse qué es lo que no se está haciendo bien en la educación.
Las nuevas corrientes educativas abogan por la escuela lúdica, es decir, aprender de una manera divertida y con el menor esfuerzo, transmitiendo con ello el mensaje de que el mundo es un lugar de juego y sin problemas. Perdiendo de vista, además, que el objetivo último de la educación es prepararlos para la vida, tanto en conocimientos como en valores y actitudes. La escuela tiene la obligación ética de fomentar la idea de que se necesita el esfuerzo y el trabajo para conseguir algo, tal como ocurre en el mundo al que ellos se tendrán que enfrentar cuando tengan que trabajar.
En educación, el esfuerzo es un valor básico del que no pueden desentenderse. Respetar su inteligencia y exigirles no les hará daño, al contrario, se sentirán más fuertes y seguros de sí mismos, al comprobar que pueden sortear los obstáculos que se les vayan presentando. Claro está que el esfuerzo se acepta mejor si la tarea tiene sentido y ahí es donde entra en juego el papel de la motivación.
En la casa sucede algo similar, los padres, que son los verdaderamente responsables de la educación de sus hijos, no siempre están dispuestos a iniciar un forcejeo con ellos para establecer límites o exigirles un trabajo diario que los ayude a desarrollar buenos hábitos. Por el contrario, ejercen un paternalismo mal entendido, dándoles más de lo que piden o resolviéndoles, en la mayor parte de los casos, sus problemas. Darle sentido a la exigencia y razonar el porqué de esos límites, con paciencia y cariño, les permitirá entenderlo mejor y asumirlo sin dificultad. En el hogar existen múltiples oportunidades para ejercitar valores y muchas veces se evitan dejándole ese papel a la escuela y al maestro.
Los medios de comunicación, por su parte, presentan situaciones fascinantes de éxito y riqueza, donde el esfuerzo y la dedicación parecen no haber intervenido. Rara vez se hace apología del proceso de trabajo que hay detrás de un logro y casi siempre nos presentan el triunfo como algo fácil y accesible a cualquiera, con sólo desearlo. Neutralizar estos mensajes debe ser una tarea conjunta de la familia y de la escuela y es ahí donde el análisis y la reflexión adquieren importancia. No pueden dejarse llevar por el espejismo de un éxito sin trabajo.
La necesidad de recuperar la cultura del esfuerzo en la educación es demasiado evidente como para ignorarla. “No hay educación sin una adecuada dosis de frustración. Porque toda educación supone la reducción del deseo y de la fantasía de omnipotencia.” Labaké
La educación es un ejercicio de derechos y de deberes de todos los involucrados en la tarea. En ella y en su buena práctica radica la solución a los retos que enfrenta la sociedad. Aunque los retos actuales no son por falta de educación, al contrario, son personas de altísimo nivel y de inmejorable preparación las que los han creado y en algunos caso dirigen países, planean sistemas educativos o manejan consorcios, sin embargo, no parecen haber tenido una auténtica transformación en su desarrollo humano, por lo que cometen actos que no van acordes a su preparación. La educación actual debe empezar a pensar más en el desarrollo de la conciencia que en el del progreso.
Si, con todos los medios a nuestro alcance, nos somos capaces de formar personas con la fuerza de voluntad, el carácter y la bondad suficientes para construir una mejor sociedad, no nos podrá tomar por sorpresa el que acabemos teniendo una política sin principios; una economía sin moral; un bienestar sin trabajo; una ciencia sin humanidad; el gozo sin conciencia o que pretendamos un culto sin sacrificio. Petra Llamas García. Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 15 de julio del 2011. petrallamasgarcia@hotmail.com. @petrallamas

9 comentarios:

  1. excelente blog me ayodo bastante
    gracias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti por leer mis artículos. Te envío saludos cordiales

      Eliminar
  2. Maestra, en verdad, el dia de hoy encontré por casualidad su página y creame que las reflexiones que usted hace me han encantado, siento al leerlas que usted es una persona con una gran experiencia. Gracias por compartirlas con el mundo.
    Feliz Navidad 2012.
    Me tomé la libertad de compartir su dirección web con mis compañeros de trabajo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tus palabras, las aprecio y valoro y gracias por compartir mi página web. Feliz Navidad y próspero año nuevo también para ti.

      Eliminar
  3. Muchas gracias maestra, importante hacer conciencia de nuestra gran responsabilidad..

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias, Itzel, valoro tu comentario. Un abrazo

    ResponderEliminar
  5. Un excelente análisis de el problema más importante que aqueja a nuestra sociedad en la actualidad: nos hace falta entender además, que es normal cuando luchamos el éxito, el sufrir una crisis de crecimiento y querer abandonar es muy humano, es decir, ¿a quién le gusta sufrir? A mi manera de ver las cosas, una educación con carácter debe de hacer entender al que la recibe que, así como el deportista siente el desánimo mientras se esfuerza por exigirse para lograr una nueva meta, así también él se verá en la misma situación de querer abandonar; lo que no debe hacer al sentir ésta zozobra es rendirse, porque todo lo bueno siempre cuesta y al final cuando se consigue el objetivo y se hace la valoración del esfuerzo versus el resultado, siempre se llega a la conclusión de que valió la pena. Saludos!

    Ing. José María Alba Avilés

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ing. José María Alba Avilés: Muy bueno su comentario y muy buena también la analogía con el deportista. Lo que vale la pena siempre supone un esfuerzo. Saludos

      Eliminar

Gracias por tus comentarios