Santa Rosa en Huesca

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Colegio Santa Rosa en Huesca

lunes, 27 de junio de 2011

Los cambios constantes en educación y el impacto que provocan

Todos los que tuvimos la fortuna de estudiar filosofía, porque aún formaba parte del currículum escolar, conocemos a Heráclito de Éfeso (VI-V a.C.). 

Tal vez no recordemos que era antisocial, muy crítico con sus colegas y explicaba la razón de todos los fenómenos con el fuego. 


Sin embargo, estoy segura de que todos nos acordamos de su famosa frase:

Nadie se baña dos veces en el mismo río. Todo fluye”.

En ese entonces yo consideraba que su teoría era difícil de creer puesto que sólo el río y las manecillas del reloj daban la sensación de movimiento y todo lo demás parecía estático, predecible y seguro. Si se producía algún cambio siempre era precedido de un desastre natural, una guerra o un acontecimiento singular. Hoy, Heráclito, podría ser el mejor representante de la sociedad posmoderna y global. El cambio es lo único permanente.

Efectivamente, durante los últimos años se han venido dando una serie de cambios continuos y con tanta rapidez, que muchas veces no ha habido el tiempo suficiente para asimilarlos con la misma rapidez con la que se producen y todos ellos, sin excepción, impactan directa o indirectamente en la educación. Si la sociedad cambia, la escuela también debe hacerlo.

No obstante, empieza a ser peligroso que la educación siga cambiando a este ritmo. Por una parte, está indicando que no hay un estudio prospectivo riguroso y serio que marque el rumbo de la misma; y por otra, está señalando una carencia absoluta de planeación educativa en toda regla. 

Es muy importante que exista una construcción social del conocimiento; que se creen las circunstancias propicias para que pueda ser asimilado, aplicado y evaluado, antes de pasar a nuevos saberes.


Los problemas se agravan si estos cambios no han sido consensuados por todos los involucrados en el hecho educativo. La resistencia y el rechazo harán acto de presencia; habrá padres molestos, alumnos confundidos y profesores que se sentirán cuestionados en su quehacer como docentes. La consecuencia será más notoria cuando no se obtengan los resultados esperados.

Que la educación debe caminar de la mano del progreso o mejor aún, provocarlo, es algo indiscutible; pero para que haya un cambio educativo hay que partir, no sólo de los que está ocurriendo en el contexto, sino también de la clase de ser humano que queremos formar y el concepto de sociedad que vamos a construir.

Desde que la globalización hizo su aparición, la mayoría de los cambios educativos no se han basado en teorías pedagógicas o filosóficas, sino que se han cimentado en cuestiones políticas y en teorías económicas, considerando la escuela como un espacio que provee de las competencias necesarias que les facilitará su incorporación al mundo laboral y al mismo tiempo coadyuvarán en el desarrollo del país.

Sin embargo, el cambio educativo no puede enfocarse sólo en la eficacia tecnológica y la especialización en determinadas áreas de las ciencias, sino que tiene que considerar también las cuestiones humanísticas y éticas que lo engrandecerán y lo harán mucho más completo.

Por otra parte, la capacitación del profesor debería tener también contenidos humanísticos y una formación con sentido crítico y global, porque si se reduce a su especialidad, limita también sus posibilidades de conocer las necesidades del mundo actual y las de sus propios alumnos

Lo ideal es que fuera un hombre culto y educado en toda la extensión de la palabra. Édgar Morín, en su obra sobre “Los sietes saberes para la educación del futuro”, dice que: “Las mentes formadas sólo por las disciplinas pierden la capacidad para contextualizar los conocimientos e integrarlos de forma natural, y todo ellos nos lleva al individualismo porque sólo nos ocupamos de nuestra parcela especializada y dejamos de sentir los vínculos que nos unen a los demás”.


Recordar a Heráclito no ha sido un chispazo de nostalgia por un currículum que estimo mejor conformado que los de ahora. Ha sido una alusión explícita a la necesidad de completar la preparación de los alumnos con contenidos de ciencias humanas y con habilidades para la introspección, el análisis y la reflexión, ya que son competencias que no están teniendo demasiada presencia en los actuales programas educativos.

Los cambios en educación, aunque marchen de la mano del progreso, deben ser cuidadosamente pensados, bien planeados y siempre hacia adelante, que nos hagan ser mejores personas y con una mayor riqueza interior. Por ningún motivo nos puede hacer retroceder en la parte humana y menos aún, convertirnos en simples instrumentos de un sistema económico o parte del capital de trabajo de una empresa, sin pensamiento propio ni criterio, pero sobre todo sin una filosofía existencial. 

Juan Carlos Tedesco tiene una interesante reflexión al respecto: “La profundidad del proceso de cambio social que tiene lugar actualmente nos obliga a reformular las preguntas básicas sobre los fines de la educación, sobre quiénes asumen la responsabilidad de formar a las nuevas generaciones y sobre qué legado cultural, qué valores, qué concepción del hombre y de la sociedad deseamos transmitir”. Petra Llamas García. 


Publicado en La Jornada de Aguascalientes, Viernes, 24 de Junio de 2011.  petrallamasgarcia@hotmail.com. Twitter: @petrallamas

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