sábado, 18 de junio de 2011

Madagascar está al sureste de África, si lo miramos de frente

Hace algún tiempo tuve oportunidad de observar una clase en Secundaria. La maestra, atendiendo la pregunta de un alumno, se esforzaba en explicarles que Madagascar era una gran isla situada “abajito” de África, por el lado derecho, según se mira el continente de frente. Lo anterior,
acompañado de movimientos que pretendían dibujar en el aire la gran isla. Hubiera sido más fácil buscar en un libro de Geografía y mostrarlo o mejor aún, buscarlo en el Google Earth y proyectarlo en una pantalla. Cuando le pregunté las razones de no utilizar algún material de apoyo, ella, con una notoria ansiedad y nerviosismo por el tiempo que seguramente perdería dándome explicaciones, aclaró que
no tenía ningún mapa de África a la mano y que tampoco había cañón o internet; pero sobre todo, enfatizó, que buscar los materiales para enseñar físicamente la ubicación de Madagascar, implicaría perder la atención de los alumnos y también le impediría terminar el amplio programa que debía cubrir para el examen nacional de conocimientos que estaban por aplicarles. Según WiseLos exámenes alteran el currículum en formas indeseables porque requieren de tiempo y preparar a los estudiantes para los exámenes requiere aún de más tiempo. Y todo este tiempo se le resta a la enseñanza real” Si a eso le agregamos un grupo grande, con una edad difícil y situaciones familiares conflictivas, el panorama está completo: el estrés de una maestra que debe enfocarse a los resultados sin poder disfrutar del proceso, mientras asimila los cambios que proponen los expertos y todo ello con carencias que nadie imaginaría en pleno siglo XXI...

Los investigadores, que en muchos casos parecen ser más teóricos que prácticos, critican la actuación de los maestros descalificándolos y culpándolos de los resultados de pruebas de conocimiento y proponen metodologías vanguardistas e innovaciones que más que ayudar, confunden y desconciertan la labor del docente. Desarrollan tesis sobre los cambios en la sociedad y la adaptación de la educación a esos cambios, sin considerar los diferentes contextos que se viven en muchas de las escuelas mexicanas, sobre todo las rurales. Recuerdo las discusiones con un psicólogo prestigioso, que insistía en una metodología concreta para aplicar unos ejercicios que desarrollarían la inteligencia de los alumnos. El psicólogo, después de aceptar la sugerencia de aplicar su método en un grupo de sexto de primaria, fracasó rotundamente puesto que no tardó ni diez minutos en perder la paciencia y el control de los alumnos. No es lo mismo la teoría que la práctica y eso lo saben bien los maestros.
México pertenece desde 1994 a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y tiene el compromiso de sintonizarse con los países que realizan cambios en educación y someterse a las mismas evaluaciones que van pulsando el estado de la enseñanza y el aprendizaje. Sabemos también que hay que mantener informados y capacitados a los maestros en lo que está ocurriendo en el mundo de la educación y proporcionarles todas las herramientas que favorezcan una enseñanza de calidad para posteriormente evaluarla. Sin embargo, el maestro está tan preocupado en los resultados que lo único que está asimilando es el trabajo que debe realizar con los alumnos para que salgan bien en esas pruebas, perdiendo con ello momentos de creatividad y temas valiosos que enriquecerían su labor como docente y el acervo de los estudiantes, además de la desmotivación que supone para ambas partes ese tipo de enseñanza.
El cambio, por cambiar y porque los países mejor evaluados en las pruebas internacionales siguen tal o cual metodología, no es la solución. Tampoco lo es devaluar una y otra vez a los maestros y atiborrarlos de cursos innovadores importados de países del primer mundo que ya han superado la masificación en las aulas, la deficiente infraestructura y sobre todo las carencias de todo tipo con las que los alumnos llegan al salón de clases. Según Marris, “Cualquier innovación no puede asimilarse a menos que se comparta su significado”. Se les exige a los maestros mexicanos la adaptación a un cambio en el que no han participado; una didáctica ad hoc con los nuevos tiempos, haciendo uso de las TIC´s, mientras luchan contra las carencias y unas circunstancias adversas y a los que no se les perdonan los malos resultados. Parafraseando a Pozo: “La Escuela…, de formas modernas e incertidumbres posmodernas, enseña contenidos del siglo XIX, con profesores del Siglo XX a niños, adolescentes, jóvenes y adultos del siglo XXI...”
Me parece que hay demasiadas voces empeñadas en gritar lo mal que está la educación en México, a la luz de los resultados de exámenes nacionales e internacionales, pero pocos oídos dispuestos a escuchar y a entender las circunstancias en las que trabajan esos maestros. Es tiempo de establecer prioridades en la educación, tiempo de ser local sin dejar de ser global y tiempo de disfrutar del proceso y del resultado. Hay que hacerlos partícipes y protagonistas de esos cambios, puesto que nadie mejor que ellos sabe cómo y cuándo innovar y principalmente en qué condiciones, para que no tengan que explicar nunca más, por falta de tiempo o de recursos, la ubicación de Madagascar en un mapa imaginario. Petra Llamas García. Publicado en La Jornada Aguascalientes el viernes 20 de mayo del 2011. petrallamasgarcia@hotmail.com . twitter: @Petrallamas

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